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Introducción

Introducción. Prólogo. Presentación. Comienzo. Como sea.

-Soy una persona de pocas palabras.
-Entonces... para qué querés un blog?
-Porque ésto sería más bien una forma de poder leerme, rever lo que conozco de mí, ver lo que no conozco de mí, encontrarle significado a pensamientos sin sentido aparente. En resumen, esto es YO YO YO.
Pero no es un egocentrismo extremo, porque en ese caso me compraría un diario y escribiría ahí. No, ésto me permite compartir con quien quiera acercarse a ver de qué se trata, pero fundamentalmente es un viaje que necesito hacer para dejar plasmado las millones de cosas que pasan por mi cabeza, a veces tan rápido que no llego a entenderlas y a veces tan lento que no las soporto.
-Bien. Entonces... con qué me voy a encontrar acá?
-Y... si lo que dije recién no te lo responde voy a ser más claro: me vas a encontrar a mí.
Pensativo, ido, expresivo, inexpresivo, serio, divertido, amargo, gracioso, vago, trabajador, inteligente, idiota, loco, racional, sano, enfermo, cariñoso, seco, chusma, indiferente, sensible, duro, paciente, impaciente, tranquilo, iracundo y todos los demás adjetivos y sus respectivos opuestos que se les ocurran.
-Por qué hablas con vos mismo? A fin de cuentas nadie te preguntó nada, esto lo escribiste todo vos.
-Porque quiero!
-Sabés que no hay nadie leyendo del otro lado, no?
-Si, yo.
-Casi me olvido. Quién sos?
-Qué te importa? Leeme.

Bienvenidos al laberinto de mi cabeza. Para el primero que encuentre la salida, un chocolatín o unas papas fritas, según su gusto.

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Música para romper todo

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La última tormenta de invierno

Una vez cada tanto realmente disfruto caminar en la lluvia.
Pero esta vez no fue sólo eso. Esta vez hizo frío, el agua parecía hielo. Las manos quemaban heladas, parecían dormidas por momentos. Los pies agradecían haberme puesto borcegos, siendo los que mejor la estaban pasando. Mi campera impermeable no dejaba de tirar toda el agua que repelía sobre el jean gastado, que parecía pesar más que yo mismo al nacer.
La sudestada finalmente llegó.
Y yo fui el agua helada, fui el viento gélido, los charcos bajo mis pies. No fue caminar en la lluvia, fue ser la lluvia congelando la piel reseca de las manos, el viento pegando en la cara dejando sentir sólo más frío.
Por un rato fui la sudestada.
Llevándome todo por delante, sin detenerme ante nada, sin reparar en nada.
Realmente disfruté ser la sudestada.
Que se venga otra tormenta, voy a estar preparado.
Cada vez más.