martes, 19 de octubre de 2010

3000

Les voy a contar una historia. Sepan disculpar la inexactitud de los datos, pero a medida que fue pasando el tiempo se convirtió en leyenda y el boca a boca, la transmisión de padres a hijos, la emoción de los narradores, hizo que sólo la esencia se mantenga intacta. Lo demás sirve de decoración, pero este ¿cuento? retiene indudablemente su fuerza.
No hay nombres en esta historia, sólo personajes anónimos. Ciertas características se conocen, pero son difusos los adjetivos en mi mente. Algunos dicen que eran siete guerreros, otros, que eran once, como un equipo oficial. Hay quien se anima a afirmar que eran veintitrés hombres, una selección de Copa Mundial completa. Tengo mis razones para creer que la versión más cercana a la realidad es la primera. Siete valientes dispuestos a pelear en tierras lejanas contra quien se pusiera delante.
Otra vez llego a un dato poco firme. Trescientos, tres mil, siete mil. Como sé que sucedió en territorios de la Nación Quechua, situémonos a 3000 metros sobre el nivel del mar. Estos hombres venían de regiones costeras, ciudades que no superan los cien metros, y habían estado caminando ya por dos días enteros incansablemente cuando, al mediodía del tercer día, acudieron al llamado. Ante la presencia de muchos forasteros como ellos, un grupo de locales retó a quien se atreviese a algo tan simple como irresistible. Cuando la pelota rodó por el césped poco nivelado, sólo ellos siete se atrevieron a defender el honor de quien vive al ras del mar, de quien sabe cómo se sufre la humedad y qué son los mosquitos.
Eran un canguro australiano, un rollizo inglés, un estadounidense chueco, un veterano catalán, un apuesto italiano y dos jóvenes argentinos, amigos ellos. El australiano se ofreció rápidamente a posicionarse bajo los tres palos, que en ese campo de juego eran dos, en realidad. Por lo tanto, digamos que se ubicó entre los dos palos. El resto fue rotando según la necesidad y el cansancio que podrían surgir, conociendo la falta de oxígeno que se experimenta a esas alturas.
Demos un vistazo al panorama presentado. Por un lado, un equipo nativo, habituado a jugar a grandes alturas y un clima seco, formado por hombres que se conocían entre sí. Por el otro, un grupo de siete desconocidos de diversos países, con distintas lenguas.
A la vista de todos los presentes, visitantes de todo el mundo, ahora espectadores y testigos de esta contienda, se dio comienzo al partido. Al principio todos eran cautelosos, cada equipo medía a su rival. El inglés rápidamente se mostró ansioso por jugar en la delantera, el italiano se ubicó a uno de los lados, el catalán se adueñó de la defensa y el estadounidense, un poco perdido, se quedó en el medio de la cancha. Luego nos falta hablar de los argentinos. Uno de ellos, con aspecto de iraquí, se convirtió en una de las armas más peligrosas para el equipo visitante. Su resistencia física y su velocidad desbordante lo hacían blanco de la mayoría de los pases de sus compañeros. El otro, muy flaco y desgarbado, parecía a primera vista no ofrecer mucho al equipo. Incluso jugaba con sus lentes de aumento puestos. Pero aunque su agilidad no fuese envidiable, se destacaba por la entrega para evitar que la pelota llegara a su campo, cortando cada situación de peligro en conjunto con la garra catalana.
Si bien el equipo local se mostró dañino en los primeros minutos, con buenas intervenciones del australiano en el arco, pronto los forasteros se sintieron a gusto y un pase en profundidad al inglés desembocó en el primer gol visitante. Había sido un tanto más bien austero, acorde al partido trabado que les tocaba jugar, y aunque fue levemente festejado, no logró inclinar la cancha ni mucho menos. Los locales seguían atacando, aprovechando la ligereza que les daba su aire serrano. En reiteradas oportunidades, la aguerrida defensa anulaba cualquier situación de peligro y jugaba, segura, hacia los lados, donde el iraquí -llamémoslo así, de ahora en más, para diferenciarlo de su paisano- y el italiano se encontraban. De este último se esperaba mucho debido a su nacionalidad, pero fue quien más desilusionó. En el otro extremo, el estadounidense se mostraba muy activo, a pesar de quedar como única jugada suya en este relato un mal rechazo que fue en dirección contraria y se estrelló en la cara del argentino, quien hizo caso omiso del golpe y recuperó el balón para salir jugando con su amigo coterráneo.
Las reglas impuestas previamente decían que se jugaba a cuatro goles, y al convertir el segundo se hacía el cambio de lado. Y así fue, una vez que el inglés logró anotar nuevamente. Hasta ahora, a pesar de la ventaja, el equipo visitante no lograba la tranquilidad deseada.
El catalán y el argentino seguían cortando cada bola que entraba en su campo y jugaban con sus compañeros, habitualmente con el iraquí, salida garantizada por los lados. El inglés mostraba que a pesar de su corpulencia su movilidad no era para nada limitada, pero tanto el italiano como el yanki significaban pelotas perdidas. El australiano, mientras tanto, daba seguridad como guardameta.
El cielo no presentaba nubes, completamente despejado, por lo que el sol rajaba la tierra y se hacía sentir sobre los cuerpos de nuestros guerreros. El campo de juego tampoco ayudaba. Su estado era bastante complicado, si tenemos en cuenta que no era una cancha sino más bien el único claro llano lo suficientemente amplio como para jugar. Pero esto no iba a frenar a los argentinos. Aún se escuchan en los Andes incaicos sus gritos pidiéndose la pelota, anunciando algún pase. Dicen que todavía pueden encontrarse sus pisadas gigantes alrededor de los grupos de yuyos formados en medio del campo. Las de uno, en sus andadas constantes al territorio de los locales, ocasionando peligros. Las del otro, por toda la mediacancha en sus corridas para cortar pases, trabar pelotas y asistir a sus compañeros. De esta misma forma, por medio de un balón recuperado, el argentino jugó con el iraquí, y éste con el catalán, quien entró desde el fondo sorprendiendo a todos con un remate cruzado abajo, venciendo al arquero local. Tercer gol y festejo generalizado del equipo y varios de los espectadores españoles. Sus compañeros de equipo lo felicitaron airadamente, reconociendo toda su entrega.
A esta altura, el ánimo de nuestros siete luchadores había subido notablemente. Ya el equipo local notaba el cambio y sufría al no poder generar situaciones claras y ser constantemente superados en cada pelota dividida.
Así, ya concientes de lo poco que faltaba, los integrantes del equipo visitante hicieron un último esfuerzo. De un saque de arco por el seguro australiano, la pelota llegó a los pies del catalán, quien jugó con el iraquí. Veloz, dejó tirado en el suelo a su marcador, fue asistido por el italiano, que como pudo pasó el balón atrás hacia el argentino, éste con el estadounidense, y él, por último, con el inglés. Como si supiera que ya todos sus compañeros habían participado de la jugada, el isleño decidió hacer un pase al argentino, que se había adelantado a la mitad de cancha. Desde aquí, el sudamericano en un vistazo ubicó a su amigo picando por enésima vez por la derecha, y gritando su nombre depositó la pelota, como con un guante, a los pies del iraquí. Este, recibió a la carrera con un primer toque, acomodó con un segundo y el tercero fue un zapatazo al primer palo. El arquero local, a pesar de volar espectacularmente, vio el inalcanzable tiro pasar a su lado.
Lo que siguió fue tan sólo el cierre de un histórico encuentro. El cuarto gol selló el final del partido, pero abrió la puerta al reconocimiento de los hombres costeros por parte de los descendientes de tan grandiosa civilización. Luego de los amistosos saludos entre jugadores de ambos equipos, todos, espectadores incluidos, continuaron la marcha. No se conoce su destino final, pero algunos han dicho que en el quinto día pudieron recargar energía en el sitio más propicio para la conclusión de semejante travesía.

sábado, 16 de octubre de 2010

Furia contra la máquina

Caminaba rumbo al punto de encuentro, pensando. Rodeado de gente, empapado. Lloviznaba, pero la remera mojada era puramente sudor. Del mejor sudor. Iba pensando si sería la emoción y excitación del momento, o si realmente lo que acababa de vivir había sido el mejor recital de mi vida.
Hace no mucho hice un listado con los recitales (o la mayoría de los que recuerdo, al menos) a los que fui en toda mi vida. El miércoles fui a ver a Rage Against the Machine, banda que hacía tiempo había dado por descartada para ver en vivo porque se habían separado, y por la existencia de Audioslave. Dios, aunque no crea en él, se apiadó de muchos mortales y decidió que esa relación artística se rompa y cada uno vuelva al lugar de donde vino: Chris Cornell a Soundgarden (vendrán?) y los restantes nuevamente con Zack.
Desde ese momento estuve esperando escuchar "Sabés que dicen que viene RATM?". Aunque sea el rumor. Lo escuché un par de veces, pero no resultó. Y pasado el principio de este año lo volví a escuchar, más escéptico, pero igual de esperanzado. Y pasó.

Saltemos algunos meses.

13 de octubre. Caminando con Pablo rumbo al predio en Costanera Sur, al lado de la Reserva Ecológica. - Quién los entiende? En Núñez no se pueden hacer recitales, pero en el único lugar completamente verde de Buenos Aires (verde y gris, pero en fin) no hay problema. Un videíto avisando que "podemos estar molestando a las aves" es suficiente. - Llegamos, entramos, paseamos por el nuevo hogar del Pepsi Music (reputeado, pero bien que fue la única forma en los últimos 6 años de ver bandas que sólo en sueños veíamos en vivo) y más tarde se nos unió Nico.

20.15hs: Después del gordo buena onda (Alain Johaness) sube al escenario principal Queens of the Stone Age. No mis favoritos, pero no por eso menos esperados. Corta pero buena lista de temas, sonido bajo, mucho talento a la vista y oídos de todos. Termina la entrada y nos preparamos para el plato principal mientras ignoramos a Los Natas en el otro escenario.

21.15hs?: Se apagan las luces, suena una sirena de emergencia, sube la bandera con la estrella roja en el medio. Entran estos cuatro gigantes, pero, como siempre, se destacan Zack y Morello. Empieza el mejor recital de mi vida.
Abren con Testify y ya te da una idea de lo que va a ser el resto: treinta mil personas saltando en cada una de las trece patadas en la sien que nos dieron estas bestias.
Adrenalina, emoción, excitación, la sensación de volar al ni tener que hacer esfuerzo para saltar porque estando apretadísimo contra los de alrededor, su impulso te hace subir casi sin querer queriendo. De a ratos se me empañan los lentes del calor que emano.
Sigue Bombtrack y me viene a la mente un recuerdo en la sala de ensayo con Lio, Lucas y Zapa. Qué bien sonábamos! Ya hay tratativas para reanudar esa gran banda tributo que duró poco pero sonó tan bien.
Después People of the Sun, una de las pocas de las que realmente sé de qué se trata y me mueve la letra.
Le siguió el segundo mejor tema que tienen: Know your enemy. Potencia. Bronca. Energía. En las manos de Morello, uno de los riffs más incendiarios y provocadores de la historia del rock. No por nada lo usan para Combate Space. Si esto no te da ganas de cagarte a trompadas, sos una ameba.
A esta altura debo reconocer que yo, el introvertido, tranquilo y pensativo yo, a mí se me escaparon ya varios "VAAAAAAAAAAMOOOOOOOOOOOO'" en los segundos finales de la calma. En los segundos anteriores al quilombo. Esto me provoca RATM. Termino siendo el que arenga a saltar a los de mi alrededor. No con la típica pelotudez de "Agiten, putos", como escuché gritar a alguno durante QOTSA, muy cómodo desde atrás sin despegar los pies del piso, creyéndose capo por putear a los que no saltan. No, acá me salió de adentro, en medio del pogo que empieza a crearse previo al quilombo, como una forma de dar más ánimo a esos que sé, porque los estoy viendo y escuchando, que también tienen ganas de "agitar".
Llega Bulls on Parade, con Zack de la Rocha anunciando la presencia de los obreros de Zanon, que recibieron todas las entradas que la organización le dio a la banda para regalar.
Sigue Township Rebellion, denunciando la explotación minera (no de las minas, sino de los mineros) en Africa. Reconozco que hasta hace unos meses no la tenía muy presente, pero es lo lindo de la música: le das otra pasada de oreja a un tema y te suena distinto, mejor.
Guerrilla Radio se posiciona como una de las más pogueadas, en mi opinión, por ser de las más emtivieras (léase, más pasadas por Mtv).
Bullet in the head concentra hasta el momento la mayor cantidad de mis gritos hacia el final. Quien conoce la canción sabe de qué hablo.
Calm like a bomb me da la pauta de que soy más fanático de lo que creía: el único que canta/grita toda la letra. Me enorgullezco cuando escucho que mi voz es la que sigue bajo la de Zack, gritando "and the riot be the rhyme of the unheard". Quilombo!
Sleep now in the Fire me causa la misma impresión que Guerrilla Radio, pero todavía más pogueada.
Wake Up tiene algo más, aparte del poder de ese tema. Originalmente yo no iba a estar para esta fecha en Buenos Aires, y mi hermano iba a ser el que me reportara qué tan bueno estuvo. Lamentablemente él está en una cama hace tres semanas, y yo acá hace dos. Mientras gritaba justamente el nombre del tema, creo que lo hacía también reclamándole a él, dándole una orden. Al día siguiente lo vi por primera vez con los ojos BIEN abiertos. Parece que escuchó.
Dato aparte: hacia el final del tema recibo algun golpe en la cara y vuelan mis lentes. Van a parar entre los desnudos hombros de dos flacos adelante mío. Logro rescatarlos antes que caigan al piso y procedo a enderezar una de las patillas, totalmente doblada. Me negué a perderme de ver bien el final de semejante recital.

A esta altura los muchachos se fueron, aplaudimos, volvieron (poniendo antes lo que creo que era un himno socialista) y empezaron como termina su primer disco, con Freedom. Más gritos, ya noto cómo voy perdiendo la voz.
Termina, nos dan un segundo de respiro, no más, y empieza por fin.

KILLING IN THE NAME es EL tema de RATM. Por qué? Porque es la primer canción que escuché de ellos y sigue siendo la que más me gusta, por la potencia que tiene, por lo bien que se llevan los cuatro instrumentos, por el solo, por protestar contra quienes negocian con la guerra y la obediencia debida de quienes participan. En otro contexto la frase "Fuck you, I won't do what you tell me" suena infantil, caprichosa y de rebeldía adolescente. Acá no puede estar mejor puesta.

Y ahora sí puedo afirmar que es el pogo más grande en el que he estado, saltando bien alto para caer con toda la fuerza posible y que se sientan las vibraciones hasta la mismísima concha de la lora. Rebotar y repetir.
Pasaron poco más de 48hs y sigo igual de emocionado, confirmando minuto a minuto que fue el mejor recital de mi vida.

lunes, 11 de octubre de 2010

Día 2: La llegada

25-08-10
Después de 22hs de viaje llegamos a San Salvador de Jujuy. Bajamos del micro, buscamos dónde vendían pasajes a Purmamarca, pero como estaban todos cerrados (o por lo menos no había gente en las oficinitas) fuimos a comer sendos sánguches (seh, sandwich es muy gringo) de milanesa completos. Eran aquellos de los que sospecho, tras la desaparición del cachorrito del micro.
Finalmente compramos los pasajes, hicimos tiempo jugando a las cartas y partimos rumbo a nuestro primer destino. Un rato después llegábamos a mi lugar en Jujuy: Purmamarca!
Nos recibió con cielo gris y vientito, pero la magia de Purma no depende del tiempo.
Conseguimos habitación a $20 c/u con baño compartido, donde el dueño confesó (y exageró, para mí) que en verano llegó a ofrecerla una vez a $100. Si me decía $70 le creía.

La habitación de $100...

Gulliver en Purmamarca

Fuimos a dar una vueltita, ya oscureciendo, y después a comer a lo de nuestro nuevo amigo en un barcito al pie del mirador. Después de la cena dimos otra vuelta y nos encontramos con que en la puerta de la capilla estaba tocando un grupo de chicos con sikus, tarcas, anatas, quenas y bombos. Nos enteramos que era porque agosto es el mes de la Pachamama y estos chicos van todos los días.
Cuando volvíamos para la habitación había más estrellas de las que alguien pueda contar. No hay con qué darle, el cielo norteño es el más lindo del país!

Día 1: El comienzo

24-08-10
¿Cómo empezar a escribir de algo que no tengo idea qué va a ser? Así, preguntándomelo. Sin querer encontré rápido la respuesta. No fue tan así la gestación de este viaje.
A ver, ¿cómo empezó todo? Cuando terminábamos de estudiar en la EMBA, 2008, Nico dijo que tenía ganas de hacer un viaje al noroeste argentino. Así despertó mis ganas. Finalmente el verano siguiente fui con QQ y Pablo y descubrí el placer de viajar así, con pocos (y grandes) amigos, sin itinerario del todo seguro y conociendo algo distinto que la Costa Atlántica o las praias de Brasil. Volví sabiendo que algún día iba a repetir, pero con La Quiaca/Villazón como punto de partida, la puerta al resto de Sudamérica.
Enero 2009, con los mismos y la adición de Teban fuimos bien al sur: El Chaltén, El Calafate y Ushuaia. Pero no fue lo mismo. Al sur le faltan los milenios de historia que le lleva el norte.
Al volver, me encontré por primera vez en mi vida sin trabajo ni estudios pendientes. A la vez, en febrero Pana y Nico fueron al NOA y volvieron con todas las ganas de salir de nuevo. Así, entre sus amenazas de, recién llegados, volver a irse, propuse que fueramos a hacer un documental durante un mes. Tenemos los medios, el conocimiento y las ganas. No tuve éxito y ahí quedó.
Llegó abril y el fin de mi primer relación amorosa después de cinco años. A la par que iba superándolo, se iba gestando lentamente el viaje con Pana.
El documental se convirtió en fotodocumental, y al final en largas vacaciones para disfrutar y conocer nuevos lugares y culturas. Aprovechar este momento de nuestras vidas en que podemos hacer esto que casi todos quieren pero no todos pueden o se animan.

Pana y nuestros "despidientes" (?)

Comiendo en algún lugar entre Sta. Fe, Córdoba y Sgo. del Estero

En el micro había un cachorrito que ladró 20 de las 22hs de viaje. Creemos que las milangas que comimos en la terminal de S.S. de Jujuy eran él. Muy poca gente (día de semana, fin de agosto... no viaja nadie!). Había un tipo que, como han podido ver en la foto que puso Pana, parece que necesitaba amigos y se sumó sin que supiéramos al retrato. Más tarde, volviendo del baño, perdió el equilibrio y se cayó encima mío, uniéndonos en un abrazo fraternal. Pelotudo!
Para finalizar, mientras discutíamos cómo era mejor escribir "Purmamarca" con el texto predictivo del celular (por ej., "PUR-MAMA-R-CA"), Pana formuló la siguiente afirmación: "Mamar es más divertido".

Jodido dormir con ese perrito de mierda ladrando.