miércoles, 8 de junio de 2016

Ontología de un mediocre I - Anexo

Luego de la dulce lambida sobre mi ser del té de tilo con Johnnie Walker pretendo extenderme, explayarme. O no, simplemente agregar más letras en forma de palabras.
Fue cuando planteé esta infantil teoría de la especie-bomba-de-tiempo que la compartí con mi amigo Fede, a quien considero mucho más inteligente y estudiado que yo en el tema. Me devolvió un camión lleno de explosivos con mechas recién prendidas. Gracias que me dejó mechas.
La cuestión es que su primera, por cierto breve, pero intensa respuesta fue "Eso es bíblico" (es la segunda vez que me lo hace, el guacho; otro día comentaré la primera ocasión). Dios viene en forma de hombre a la tierra a salvar a sus hijos del pecado original por medio del sacrificio, dando su vida.
La hago más fácil. La naturaleza nos pone a sus nuevos hijos para salvar a su verdadera hija, la Tierra, de una muerte segura. El pecado original no es nuestro, es de nuestros creadores. Relájense, por favor.

Ontología de un mediocre I

Si hay algo de lo que me convenzo cada día mas, es de que la naturaleza es sabia. Si tenemos en cuenta que lo creo desde chico, supongamos los nueve años, son unos ocho mil ciento noventa y un días pensando que todo lo que ella madre de todas las cosas hace, lo hace por algo, con alguna razón, por algún motivo, con un horizonte en mente y podría seguir poniendo analogías pelotudas por un rato, pero no.
Lo que quiero decir es que desde que tengo memoria, y eso que tengo bastante siendo que mi primer recuerdo es de cuando tenía dos años recién cumplidos en un arroyuelo de las sierras cordobesas, he creído, más menos que más, que hay un algo que nos lleva a estar.

No es en esta oportunidad que quiero plantear el algo, si no la razón de ese algo. No me interesa ahondar en si hay un dios, una entidad, materia y antimateria, energía en forma de forúnculo ansioso de explotar y salpicarnos de asco, aunque tan lejos no esté de esto último. La naturaleza es sabia, pero también es maquiavélica. Sostengo, y aclaro que desconozco totalmente temas quizás básicos de filosofía que pudiese estar bazofiando (hasta invento gerundios), que la raza humana fue desarrollada, evolucionada, hecha o como quieran decirle, con el objeto de ser una especie destructiva. "Explicame un poco más, pesimista de mierda". Bueno, te cuento que desde lo que mi ser ha sido capaz de percibir, aplicar y comprender, considero que el homínido fue traído para destruir especies. No podría ni aunque quisiese saber por qué querría la naturaleza acabar con ellas, pero lo cierto es que necesita que no formen parte de este mundo. Para eso, requirió de un animal al que brindar el falso don de la razón para así poder, desde la megalomanía social, si es que existe el término, aniquilar sin culpa armonías creadas en momentos de optimismo ingenuo y exacerbado. ¿Y por qué darle raciocinio? Para darle moral y culpa, necesidad y poder, triunfos y derrotas, necesarios para pensar un mundo hecho a su medida, ajustando algunas cuestiones.

Estamos aquí para desarrollarnos como personas, buscar la trascendencia, superar lo terrenal apuntando hacia el espíritu. El éxito, a fin de cuentas, sea cual fuere la noción de éxito en cada uno de nosotros. Ese desarrollo conlleva la extinción de unas cuantas especies animales, vegetales y minerales, sin olvidarnos de los fungis, las moneras y los protistas. Es en nuestro suceso donde se encuentra el balance del universo.
La naturaleza nos formó no sólo para triunfar, si no para fabricar nuestro propio deceso. Así es, estamos aquí para cargarnos varios bichos y después volarnos el marulo colectivamente, inconscientemente.
En última instancia, y contrario a lo que muchos pensamos, el ser humano no lo es, sino ella. Sí, la naturaleza es una mierda.