domingo, 4 de septiembre de 2016

Desandando la espiral (al fin)

Buscando años el extremo del ovillo, solamente hay más del mismo género.
No tiene arriba o abajo, profundidad ni altura; hacia adentro únicamente. Tanto que se pierde la dirección, no hay guía, no hay sentido, únicamente la angustia de llegar jamás a ningún lado.
Es más placentero el desierto. Igualmente falto de brújula, permite ver a todos lados, la rosa de los vientos tiene sentido por el andar mismo en esa dirección poco familiar. Arena, mar, montaña, pura puna. Cualquiera de ellas enseña más que la inmovilidad total de Fibonacci.
Adelante, nada más.