viernes, 23 de junio de 2017

Vocación

Primero de todo fue la intuición. O eso que está dentro de uno que sabe que es así y no de otra manera.
Sacando una carta en el tarot por primera vez en la vida, en el libro de Crowley ponía al final una frase que era algo así como
Aprender es descubrir lo que ya sabes. Actuar es demostrar que lo sabes. Enseñar es hacer saber a los demás que ellos lo saben tan bien como tú.
                                           Segunda señal.
Después fue a través de corrientes más espirituales aún, donde con herramientas simples y volviendo al estado infantil pude desempañar un poco.
Entre medio de esto, la psicología acompañó y jugó un papel importantísimo.
La astrología por último me terminó de aclarar el panorama a través de la carta, haciendo evidente que mi decisión estaba tomada hace tiempo. No porque lo dijese ahí, si no porque lo tenía decidido desde un principio, sólo que era difícil.

Aún así, primero de todo fue la intuición.

viernes, 16 de junio de 2017

Exorcismo


Cuando está en lo más profundo de las vísceras es propio, más mío que nunca jamás. 
Un celo severo se encargará de cuidarlo y mantenerlo a salvo, a resguardo de que pueda ser siquiera visto de reojo, hasta que un día, o muchos, necesite ser excretado, expulsado, excomulgado de este cuerpo non sancto para permitirle ser de quien quiera serlo. 

Este no es más su hogar; retírese y no vuelva.

lunes, 10 de abril de 2017

Tres cosas, tres

Pasan muchísimas cosas en el día a día. Me refiero a que van sumándose, multiplicándose, y hacen que nuestro andar diario por esta vida sea una mierda.
Sin embargo, en vez de entender que las heces tienen que ver con tu vida como engranaje en un sistema de mierda, le echamos la culpa a cosas puntuales. Una mierda.

Hoy, por ejemplo, casi finalizando toda una jornada laboral de mierda, quien atendía el teléfono en una conocida empresa de transportes no tenía ganas de evacuar mis consultas y me cortó.
De ahí salí en mi auto (bien, tengo vehículo, estoy arriba de la mayoría según la sociedad de mierda) y en una bocacalle me tiraron o pisé un cacho de telgopor (tela de goma porosa, no tergopol, por favor) que me llenó el vidrio y la puerta, MI PUERTA, de pedacitos de la misma. De tela gomosa porosa, no pedazos de puerta. Por supuesto, con esta lluvia de mierda quedaron pegados y quien me conoce sabe que al auto lo lava la lluvia, al igual que mi abuelo sostenía que en la costa te baña el mar.
Luego, horas después y llegando al fin a casa, a metros de la puerta con este día lluvioso de mierda, con todo el entusiasmo de poder sentarme a relajar, me cruzo con los desechos de un can. No, tengo que corregirme, no me crucé, los crucé con el pie derecho. Esos cruces que son una cruz en el hombro por 12 estaciones, que son un calvario, un clavo en el medio del pie (es que estamos en semana santa y hay que respetar las instituciones). Salvo que en vez de clavo es un sorete húmedo ablandado por la lluvia que se mete en cada poro de la goma de la zapatilla, calzado deportivo con un montón de formitas complejas en la suela, y finalmente, cual benteveo bañándose en el cántaro, mi zapato deportivo piando chapoteó en la zanja cubierta de agua gracias a las copiosas precipitaciones.

La mierda fue el día, no los tres hechos puntuales y aislados. La mierda fue el trabajo, no el día. La mierda fue tener que hacer un trabajo que no me gusta, no el trabajo en sí. La mierda fue necesitar plata a criterio de quien maneja el mundo para poder atravesar el andar diario en la vida, no tener que hacer un trabajo que no me gusta. No es la gota que rebalsa, es el vaso lleno de mierda que no me pertenece. La mierda, el vaso sí es mío.

El sistema es una caca, comprendamos de una vez y dejen de querer hacer creer que la culpa es de uno por no adaptarse.