miércoles, 4 de agosto de 2010

Si de barcos se tratase

Era un catamarán más grande de lo habitual. Todos iban muy contentos. Algunos saludaban, si bien no había nadie despidiéndolos, sólo para sentirse como en las películas.
Varias veces habían amenazado con cambiar el horario de partida, pero finalmente estaba confirmado: a las 16.30, hora local, partiría.
Para algunos significaba un viajecito más, para otros era toda una gran movida; única, por ahora, en la vida.
Con los nervios de las primeras veces, zarpó la embarcación.
Qué lindo era eso! Parados en la cubierta, podían ver las olas golpear contra el casco de la nave, sentir el olor salado del agua, el fresco del viento marino.
Después de un rato eran pocos los que quedaban arriba. De a poco, fueron sentándose nuevamente en sus asientos. Hay que ser muy entusiasta para quedarse todo el rato ahí parados.
Dos amigos sentados en la parte delantera, pegados a una de las ventanas, charlaban de la vida, de esta travesía que estaban por emprender. Entre gota y gota que caía por el vidrio cruzaban palabra y palabra. Cuánta emoción! No podía ser más perfecto. El catamarán avanzaba ligero, saltando sobre las olas, casi sin resistencia. Se escuchó, unos asientos más atrás, un tipo que lo comparaba con un tiburón persiguiendo su presa. Asumamos que sabría del tema y no pongamos en duda su sabiduría.
Los amigos ya no charlaban. Cada uno miraba a un punto distinto por la ventana. Uno más lejos, el otro más cerca, pero los dos hacia la misma dirección.
En medio de un raconto mental de lo que llevaba de equipaje, uno de ellos se percató al fin cuando vio cómo le costaba a una señora de, digamos avanzada edad pero joven espíritu, llegar a la escalera que lleva a cubierta. El rumbo seguía igual, la embarcación no disminuía su velocidad, pero las olas estaban golpeando un poco más arriba y, sobre todo, más seguido. En este momento se le ocurrió mirar realmente por la ventana hacia el mar, y no a través de él. El horizonte se agitaba como un perro acosado por pulgas. Empezó a sentir que el piso de la nave, antes un firme sostén, se convertía en arenas movedizas.
Se levantó, simulando interés en un salvavidas colgado de una columna. Error. Cuanto más cerca estuviese de ese suelo traicionero, más seguro le parecía. Se sentó inmediatamente, al tiempo que su amigo pasaba una página en su revista de crucigramas.
Cómo es posible que no lo sintiera? Ahora que prestaba atención, no era el único, pero a la vez eran pocos los que se sentían mareados. Un nene vomitaba por enésima vez en la bolsita que sostenía su madre. Pero era un chico, él ya era un adulto. Por dios, nadie siente cómo se está moviendo esta cosa? Es el único que necesita bajarse y sentir tierra firme? En qué estaba pensando cuando decidió subir?
En un último esfuerzo para no pasar vergüenza volvió a subir a cubierta. Sin paredes ni ventanas, pudo ver más claramente. La costa estaba cercana. Unos 15 minutos más, calculó, y se tranquilizó. Pensó en cuánto valía la pena enfrentar ese mareo, ahora que podía ver más próximo hacia dónde iba. El miedo se empezó a disipar, la mente a aclararse. Recordó por qué había querido hacer este viaje, era una cuestión de descubrimiento. Comprendió que el viaje había empezado hace tiempo, cuando logró superar aquel primer gran obstáculo, también cuando luego se encontró de improviso, como si fuese el primer día de su vida, con esa mariposa que, aseguraba ella, sentía personas en su panza. Sólo sabía que estaba orgulloso de sí mismo, y que de una vez por todas iba a dejar de planificar cada mínimo detalle para dejar lugar a que sus sentimientos lo guíen. Por ahora así le iba bien. Seguramente a la vuelta se encuentre nuevamente con sus grandes alas coloridas, el lienzo de una obra de arte, dispuesta a llevarlo a lugares que nunca imaginó. Mientras tanto, sus pies lo llevarán a los lugares que ansía ir.

10 comentarios:

  1. Qué lindo que escribís Vic! Es mérito propio, pero no hay duda de que también en eso te parecés a abuelo :)

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  2. Si focalizas la vista en un punto dejás de marearte y todo es más claro, no?

    Que lindo esto que escribiste, todo. Cuando las palabras sufren la metamorfosis de convertirse en abrazo.

    Justo ayer pensaba en una mariposa cuando escuchaba a Drexler cantar "Se Va, Se Va, Se Fue", lo cual también me recuerda que después de rendir Antropología tengo que hacerte un supercompilado.

    (gracias)

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  3. Me encantó! Che Vic escribís muy lindo y describis muy bien me gusto!!! :D

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  4. Me alegro que les haya gustado! Es nuevo para mi, desde 7mo grado que no escribia nada.
    Asi me incentivan a hacerlo! Gracias!

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  5. "Pensó en cuánto valía la pena enfrentar ese mareo, ahora que podía ver más próximo hacia dónde iba. El miedo se empezó a disipar, la mente a aclararse."

    Es tan cierto eso...tomo la metáfora como algo real, y perdón si me equivoco, pero en este momento siento que estoy buscando esa costa, para que el mareo se me pase, y el miedo se disipe....me hace falta ver a dónde voy...

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  6. todas las cosas que provocan mareo son las mejores de la vida. la comida rápida, los viajes y las mujeres.

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  7. Mabel tiró la posta. Le faltó el alcohol, los alucinógenos y alguna que otra cosa más.

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  8. Chipi, a veces la cosa no es ver donde vas, sino saber que estas yendo a algun lado. Si, igualmente ver donde vas ayuda.

    Mabel, me hiciste acordar de una peli, Parenthood (del '89!). Hay una parte que hablan de algo de eso. La diferencia entre vivir la vida como en una calesita o como en una montaña rusa. Las montañas rusas reales me dan mucho cagazo, pero igual...

    Hugo, para algunos, los examenes. No son lo mejor de la vida, y no es mi caso por suerte.

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  9. Vic, muy lindo y muy redondo como dicen ahora.
    Tiene algo que ver un viajecito de Brasil?
    Un placer leerlo

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  10. Algo, solamente. No mas que el barco y el mareo. El resto no.

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