Ir al contenido principal

Tres cosas, tres

Pasan muchísimas cosas en el día a día. Me refiero a que van sumándose, multiplicándose, y hacen que nuestro andar diario por esta vida sea una mierda.
Sin embargo, en vez de entender que las heces tienen que ver con tu vida como engranaje en un sistema de mierda, le echamos la culpa a cosas puntuales. Una mierda.

Hoy, por ejemplo, casi finalizando toda una jornada laboral de mierda, quien atendía el teléfono en una conocida empresa de transportes no tenía ganas de evacuar mis consultas y me cortó.
De ahí salí en mi auto (bien, tengo vehículo, estoy arriba de la mayoría según la sociedad de mierda) y en una bocacalle me tiraron o pisé un cacho de telgopor (tela de goma porosa, no tergopol, por favor) que me llenó el vidrio y la puerta, MI PUERTA, de pedacitos de la misma. De tela gomosa porosa, no pedazos de puerta. Por supuesto, con esta lluvia de mierda quedaron pegados y quien me conoce sabe que al auto lo lava la lluvia, al igual que mi abuelo sostenía que en la costa te baña el mar.
Luego, horas después y llegando al fin a casa, a metros de la puerta con este día lluvioso de mierda, con todo el entusiasmo de poder sentarme a relajar, me cruzo con los desechos de un can. No, tengo que corregirme, no me crucé, los crucé con el pie derecho. Esos cruces que son una cruz en el hombro por 12 estaciones, que son un calvario, un clavo en el medio del pie (es que estamos en semana santa y hay que respetar las instituciones). Salvo que en vez de clavo es un sorete húmedo ablandado por la lluvia que se mete en cada poro de la goma de la zapatilla, calzado deportivo con un montón de formitas complejas en la suela, y finalmente, cual benteveo bañándose en el cántaro, mi zapato deportivo piando chapoteó en la zanja cubierta de agua gracias a las copiosas precipitaciones.

La mierda fue el día, no los tres hechos puntuales y aislados. La mierda fue el trabajo, no el día. La mierda fue tener que hacer un trabajo que no me gusta, no el trabajo en sí. La mierda fue necesitar plata a criterio de quien maneja el mundo para poder atravesar el andar diario en la vida, no tener que hacer un trabajo que no me gusta. No es la gota que rebalsa, es el vaso lleno de mierda que no me pertenece. La mierda, el vaso sí es mío.

El sistema es una caca, comprendamos de una vez y dejen de querer hacer creer que la culpa es de uno por no adaptarse.

Comentarios

  1. La puerta de tu casa está llena de soretes. fijate.
    (y ese comentario cuenta como un sí, todo. tenés razón.)

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Música para romper todo

A principio de año, antes de tener blog y siquiera pensar en ello, armé una de las que facebook llama "notas".
El tópico: música elevadora. Canciones de esas que te hacen volar a estados mentales más allá de cualquier cosa. Un acorde, un grito, una armonía, un solo, un riff que te hace subir y subir por las nubes hasta ver el universo mismo.

Tuvo muy buena respuesta, muchos se prendieron dando su parecer.
Otro día quizás repita la experiencia acá, puede ser interesante. Pero hoy voy con algo similar: música para romper todo!

Ese tema que te acompaña cuando estás enojado porque te volcaron café caliente encima, un albatros te cagó el auto justo después de lavarlo, te interrumpieron el polvo cuando te faltaban dos bombeos para acabar, te bancaste tres colectivos que no pararon, por amable bajaste del subte para dejar subir gente y te quedaste abajo, la señora adelante tuyo en la cola del banco te ve cara de oyente para sus quejas a la burocracia del sistema, la falta de educación …

La última tormenta de invierno

Una vez cada tanto realmente disfruto caminar en la lluvia.
Pero esta vez no fue sólo eso. Esta vez hizo frío, el agua parecía hielo. Las manos quemaban heladas, parecían dormidas por momentos. Los pies agradecían haberme puesto borcegos, siendo los que mejor la estaban pasando. Mi campera impermeable no dejaba de tirar toda el agua que repelía sobre el jean gastado, que parecía pesar más que yo mismo al nacer.
La sudestada finalmente llegó.
Y yo fui el agua helada, fui el viento gélido, los charcos bajo mis pies. No fue caminar en la lluvia, fue ser la lluvia congelando la piel reseca de las manos, el viento pegando en la cara dejando sentir sólo más frío.
Por un rato fui la sudestada.
Llevándome todo por delante, sin detenerme ante nada, sin reparar en nada.
Realmente disfruté ser la sudestada.
Que se venga otra tormenta, voy a estar preparado.
Cada vez más.

Exorcismo

Cuando está en lo más profundo de las vísceras es propio, más mío que nunca jamás.  Un celo severo se encargará de cuidarlo y mantenerlo a salvo, a resguardo de que pueda ser siquiera visto de reojo, hasta que un día, o muchos, necesite ser excretado, expulsado, excomulgado de este cuerpo non sancto para permitirle ser de quien quiera serlo. 
Este no es más su hogar; retírese y no vuelva.