domingo, 1 de noviembre de 2015

Génesis

Parado al borde de la espiral, el no abismo, en cada zambullida está la posibilidad de encontrar. Siempre algo, nunca nada.
Allí esta el pánico, única certeza; la posibilidad segura de encontrar, justamente, algo.
Qué tanto puede el alma sumergirse, cuánto puede la respiración aguantar.
Qué, es existencial; lo cuantizable, terrenal.
Cómo, dónde, por qué, cuándo. Liberarse de estas barreras. Ideológicas, teológicas, morfológicas. Lógicas, al fin, cuando no la hay.
Lo abrumante de encontrar la punta de ese ovillo, descubriendo su infinidad, la errónea divinidad terrenal, la propia luz en la oscuridad eterna de la cual un ínfimo instante es concedido.
No temer el negro de esta ilusión, este teatro, este regalo, esta herramienta para intentar, incansablemente en vano, comprender.

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