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Génesis

Parado al borde de la espiral, el no abismo, en cada zambullida está la posibilidad de encontrar. Siempre algo, nunca nada.
Allí esta el pánico, única certeza; la posibilidad segura de encontrar, justamente, algo.
Qué tanto puede el alma sumergirse, cuánto puede la respiración aguantar.
Qué, es existencial; lo cuantizable, terrenal.
Cómo, dónde, por qué, cuándo. Liberarse de estas barreras. Ideológicas, teológicas, morfológicas. Lógicas, al fin, cuando no la hay.
Lo abrumante de encontrar la punta de ese ovillo, descubriendo su infinidad, la errónea divinidad terrenal, la propia luz en la oscuridad eterna de la cual un ínfimo instante es concedido.
No temer el negro de esta ilusión, este teatro, este regalo, esta herramienta para intentar, incansablemente en vano, comprender.

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Música para romper todo

A principio de año, antes de tener blog y siquiera pensar en ello, armé una de las que facebook llama "notas".
El tópico: música elevadora. Canciones de esas que te hacen volar a estados mentales más allá de cualquier cosa. Un acorde, un grito, una armonía, un solo, un riff que te hace subir y subir por las nubes hasta ver el universo mismo.

Tuvo muy buena respuesta, muchos se prendieron dando su parecer.
Otro día quizás repita la experiencia acá, puede ser interesante. Pero hoy voy con algo similar: música para romper todo!

Ese tema que te acompaña cuando estás enojado porque te volcaron café caliente encima, un albatros te cagó el auto justo después de lavarlo, te interrumpieron el polvo cuando te faltaban dos bombeos para acabar, te bancaste tres colectivos que no pararon, por amable bajaste del subte para dejar subir gente y te quedaste abajo, la señora adelante tuyo en la cola del banco te ve cara de oyente para sus quejas a la burocracia del sistema, la falta de educación …

La última tormenta de invierno

Una vez cada tanto realmente disfruto caminar en la lluvia.
Pero esta vez no fue sólo eso. Esta vez hizo frío, el agua parecía hielo. Las manos quemaban heladas, parecían dormidas por momentos. Los pies agradecían haberme puesto borcegos, siendo los que mejor la estaban pasando. Mi campera impermeable no dejaba de tirar toda el agua que repelía sobre el jean gastado, que parecía pesar más que yo mismo al nacer.
La sudestada finalmente llegó.
Y yo fui el agua helada, fui el viento gélido, los charcos bajo mis pies. No fue caminar en la lluvia, fue ser la lluvia congelando la piel reseca de las manos, el viento pegando en la cara dejando sentir sólo más frío.
Por un rato fui la sudestada.
Llevándome todo por delante, sin detenerme ante nada, sin reparar en nada.
Realmente disfruté ser la sudestada.
Que se venga otra tormenta, voy a estar preparado.
Cada vez más.

Exorcismo

Cuando está en lo más profundo de las vísceras es propio, más mío que nunca jamás.  Un celo severo se encargará de cuidarlo y mantenerlo a salvo, a resguardo de que pueda ser siquiera visto de reojo, hasta que un día, o muchos, necesite ser excretado, expulsado, excomulgado de este cuerpo non sancto para permitirle ser de quien quiera serlo. 
Este no es más su hogar; retírese y no vuelva.