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Yo que sé

Me tienta llamarte.
Me tienta mandarte un mensaje.
Me tienta dejarte un papelito en la mesa.
Me tienta decirle a alguien que te haga mirar acá.
Me tienta dejarte un mensaje anónimo para que entres y veas ahí, al costadito, que escribí algo.
Me tienta pero voy a mantener mi palabra, y voy a esperar que un impulso, la intuición o unas ganas tuyas de escribir algo hoy te hagan leerme.

Ojalá llegues acá como hace tiempo.

No sabía bien qué quería hacer. Sabía que algo necesitaba hacer. No por recordar, sino porque significa el inicio.
Hace unos años me chupaba un huevo haber quedado afuera del mundial. Me esperaba otra cosa. Mucho más grande. Cambió mi vida. No ese día, todos desde ese día. Y sigue. Y quiero que siga.
No quería ponerme a escribir algo recordando. No quería hurgar muy profundo para no flaquear.
Entonces, como si el destino sí existiese, se me ocurrió leer los cientos de papelitos que me dio mi abuela hace poco. Papelitos escritos a mano o a máquina por mi abuelo. Escribía. Muy lindo. A veces inocente, a veces simple, a veces profundo.
Se me ocurrió después de tanto tiempo leerlos. Y lo encontré. Lo que yo quería escribir lo encontré entre esos papelitos.


Límpido cielo de mis amores
surcado fuiste por negra nube
y entre sus sombras a punto estuve
de hallar la causa de mis dolores.

Brisa sincera de mis anhelos
sobre la duda que su alma aqueja
sopla y ligera la pena ajena
que a sus ensueños causa desvelos.

Haz que de nuevo brillen sus ojos
pon en su rostro luz y alegría
logra que el triste pesar concluya

y entonces, junto a sus labios rojos
mi boca, su alma será más mía
y mi alma entonces será más suya.



Gracias abue. Espero tan sólo que así sea.

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